Exposición fotográfica

SOBREVIVIR A LOS CAMPOS DE FRESAS

Galería

Entre 14.000 y 19.000 temporeras marroquíes viajan cada año del Norte de África al Sur de España para trabajar durante unos meses en los campos de fresas a cambio de un sueldo digno para poder mantener a sus familias. Migran a la provincia española de Huelva con visado obtenido por la vía de la contratación en origen pero, pese a la estructura legal que las ampara, algunas sufren todo tipo de abusos y maltratos una vez llegan a las fincas agrícolas.

Las jornaleras que se han atrevido a alzar la voz denuncian casos de explotación laboral, acoso y agresión sexuales.

En los tres o cuatro meses que suelen estar en Huelva, las mujeres marroquíes
generan ingresos para alimentar a sus hijos y a su familia durante todo el año. Esta
región española, colindante con Portugal, es responsable de la producción nacional
del 98% de frutos rojos.
 
“El convenio colectivo del sector es el que está peor pagado del Estado. Cada vez hay menos españoles trabajando en los campos, pero los frutos rojos siguen siendo el motor agrícola de la zona y, por eso, contratan a mujeres en Marruecos ya que ellas lo aguantan casi todo”, explica José Antonio Brazo Regalado, representante del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) en Huelva. 
 
La mayoría de las mujeres entrevistadas explican que las promesas sobre las
condiciones de trabajo durante el reclutamiento en Marruecos no tienen nada que ver con la realidad que se encuentran cuando llegan a Huelva: casetas de obra donde viven hacinadas hasta 18 temporeras, horas de trabajo sin remunerar, insultos para que trabajen más rápido bajo la amenaza de quedarse sin un día de sueldo y la resistencia de sus superiores a llevarlas al médico cuando padecen problemas de salud.
 
A veces, incluso, son inducidas a ejercer la prostitución por otras trabajadoras de la
empresa con hombres “interesados” en sus servicios o sufren coacción sexual. Así lo atestiguan las voces de Aisha o Salima (nombres ficticios para proteger su identidad) y los documentos judiciales de los casos obtenidos a lo largo de esta investigación periodística. Su vulnerabilidad, la mayoría de las temporeras contratadas son pobres, analfabetas y con hijos menores a su cargo, abona el terreno a todos estos abusos y maltratos. 
 
A pesar de conocer los peligros a los que se enfrentan, miles de trabajadoras deciden cruzar el Estrecho. “En Marruecos, las jornaleras se exponen a horas extra no remuneradas, insultos, acoso sexual, la prohibición de ir al lavabo y a tener que
esperar mucho rato antes que venga el transporte que las llevará a casa una vez
terminada la jornada”, explica Ayachi Kazali, miembro en Larache del sindicato más
importante de Marruecos, la Unión Marroquí del Trabajo (UMT).
 
La situación es más o menos la misma aquí [Marruecos] que allí [España], pero al
menos en Huelva cobran más;, señala el sindicalista en relación a los 73 dirhams (7
euros) diarios que se suele cobrar en el país norteafricano frente a los 40 euros que se gana en España.
 
En 2020, sin embargo, la llegada masiva de trabajadoras marroquíes a Huelva se vio frenada por la pandemia global del coronavirus y el cierre de fronteras entre España y Marruecos. El 25 de marzo, cuando tan solo 7.000 jornaleras habían llegado a España, el Gobierno de Pedro Sánchez anunció que suspendía los procedimientos de contratación en origen durante la vigencia del estado de alarma y mientras se mantuviesen las restricciones fronterizas. Esta situación dejó a 11.000 mujeres sin un trabajo que ya tenían confirmado.
Date:
Tipo:
Exposición fotográfica
Idioma:
Castellano
Año:
2019
País:
España
Fotos:
Pablo Tosco
Textos:
Maria Altimira, Quique Badia, David Meseguer

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